HUMILDAD
La humildad es una cualidad que implica el desapego a lo material y la ayuda al prójimo. Por esa razón, es una de las cualidades más valiosas que puede tener una persona, y una virtud muy importante a la hora de vivir en sociedad
Una persona humilde no es egoísta ni egocéntrica
Desde la filosofía, Inmanuel Kant afirma que la humildad es la virtud central de la vida ya que brinda una perspectiva apropiada a la moral. La humildad no es un concepto, es una conducta, un modo de ser, un modo de vida. La humildad es una de las virtudes más nobles del espíritu.
En el cristianismo, Jesús es modelo de humildad y de hecho es considerado el rey de los humildes
La palabra humildad proviene del vocablo latino humilitas, que a su vez tiene la raíz humus que quiere decir tierra en latín. Con respecto a esta consideración, la palabra humildad tiene que ver con nuestra capacidad de aceptar nuestras limitaciones y bajezas
Características de la humildad
En tanto virtud, la humildad reune una serie de características manifiestas en el comportamiento. Algunas de esas características son:
- Comprender la igualdad y dignidad de todos los sujetos;
- Valorar el trabajo y el esfuerzo;
- Reconocer aunque relativizar las virtudes propias;
- Reconocer las propias limitaciones;
- Expresarse con afabilidad;
- Actuar con modestia, sencillez y mesura;
- Percibir las relaciones sociales desde la horizontalidad;
- Escuchar a los demás y tomar en cuenta sus opiniones;
- Respetar genuinamente a los demás
Pedir ayuda cuando lo necesitamos
No podemos hacerlo todo por nosotros mismos. Muchas veces necesitamos de la ayuda, el apoyo o la orientación de otras personas. La humildad también implica reconocer en el otro cualidades de las cuales carecemos
Aceptar las propias limitaciones
La humildad se manifiesta en el autoconocimiento, en saber de qué somos capaces, hasta dónde podemos llegar, y cuáles son nuestras fortalezas y debilidades. Esta conciencia de sí mismos es una forma de humildad muy importante.
Ser modestos ante los éxitos
No podemos envanecernos con nuestros logros. Ante el éxito, es importante practicar la modestia, no echarle en cara a nadie nuestras conquistas o ser soberbios. La vida está llena de altibajos. A veces estamos arriba, otras veces nos toca ver el panorama desde abajo.
Admitir cuando no sabemos algo
No podemos saberlo todo. A veces nos encontramos en campos o temas que no dominamos, por eso, es importante reconocerlo y pedir a otro que nos explique o nos ayude a entender. En ocasiones, la conciencia de que no sabemos nos lleva, a la larga, a aprender mucho más.
No tener miedo de equivocarnos
Todos nos podemos equivocar. De hecho, todos nos equivocamos todo el tiempo. Los errores son maestros en la vida, nos enseñan importantes lecciones y nos ayudan a ser mejores.
Estar siempre abiertos a aprender
Las ganas permanentes de aprender hablan muy bien de nosotros. No lo podemos saber todo, por eso a veces necesitamos leer, consultar o preguntar para enterarnos e informarnos de algunas cosas.
Saber ganar (y perder)
No siempre se gana, pero tampoco se pierde siempre. Hay que practicar el equilibrio y la modestia. Los éxitos traen alegrías, pero no tienen por qué traducirse en arrogancia. Y las derrotas a veces puedan resultar frustrantes, pero no por ello debemos dejarnos llevar por la rabia. Ambas situaciones nos enseñan el valor de la humildad: respetar al adversario y valorar nuestro esfuerzo y el del otro.
Reconocer el valor de los demás
Las otras personas que hacen parte de nuestras vidas son importantes. A veces nos tienden la mano, a veces nos apoyan o nos orientan, y, a veces también, necesitan de nosotros. Reconocer su valor es una práctica fundamental en la humildad
Compartir el crédito
A veces tenemos ocasión de llevarnos el crédito por un trabajo en el que participamos junto con otras personas. Sin embargo, es importante compartir el crédito con aquellos que también lo merecen. No solo por respeto, también es una forma de valorar las contribuciones y el valor de los demás.
Ser agradecidos
Podemos estar agradecidos de muchas cosas: la vida, el plato de comida que tenemos al frente, las personas que nos rodean. Visto desde cierta perspectiva, cada cosa que tenemos o que nos pasa es un regalo. Practicar la gratitud constantemente nos brida conciencia de ello.
Estar dispuestos a ceder
Cuando alguien tiene razón sobre algo, es importante que cedamos. No siempre vamos a estar en lo cierto, así que es importante que sepamos reconocer el momentos en que lo más sensato es darle la razón al otro.
Saber escuchar
Es importante que siempre estemos dispuestos a escuchar a los demás, sus deseos, necesidades o aspiraciones. No solo porque esta es una forma de conocer más profundamente a las personas, sino porque nos permite a nosotros mismos aprender. El otro siempre tiene cosas válidas que aportar, por eso debemos respetarlo y escuchar
Pedir disculpas cuando sea necesario
A veces podemos equivocarnos u obrar mal, y, con ello, afectar a las personas de nuestro entorno. Ser humilde, por lo tanto, también supone saber pedir disculpas, pues no somos perfectos y podemos, de vez en cuando, hacer algo mal.

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